jueves, 1 de agosto de 2013

EL EXTRANJERO


RESUMEN SOBRE EL LIBRO, EL EXTRANJERO DE ALBERT CAMUS
(Focalizado en el juicio)


            El tribunal después de hacer algunos interrogatorios a Meursault,  decidió nombrarle un abogado de oficio, aunque él consideraba que no era necesario pues veía su caso muy sencillo. Pero el juez argumentó que la ley estaba bien hecha y la justicia se encargaría de proporcionarle uno.

            El abogado visito al acusado y le comento que el caso era delicado, sin embargo debía darle su confianza y todo saldría bien. Después le explico que ya se había documentado de su vida personal y aunque le parecía incomodo le era necesario estar bien informado. Quiso hacerle entender que colaborara, pues las relaciones con la justicia no eran como el creía, pero él interrumpió diciéndole que la historia de su madre no tenia que ver  con el caso.

            El acusado fue conducido ante el juez de instrucción quien le pregunto si quería esperar a su abogado para que lo asistiera, ante lo cual él dijo, que no era necesario. En seguida el juez quiso entablar conversación pero el contesto que no tenia nada importante que decir por lo tanto mejor se callaba. El juez trato de demostrarle que el creía en la virtud del ser humano y que Dios podría perdonarlo. Sin embargo, él era muy escéptico  y nada le hizo cambiar de opinión pues en realidad se sentía culpable, hasta le confeso al juez que sentía mas aburrimiento que pena por lo que este ultimo se sintió  indignado ante la indiferencia  de este hombre.  

            De ahí en adelante el juez se limito a cumplir con su función y ya no se preocupo en saber de la vida del acusado, mientras el asunto seguía su curso, él se sentía en un ambiente familiar pues lo inmiscuían en las conversaciones. Con el tiempo se acomodo en la cárcel y comprendió que esa era su vida, aunque en cierta ocasión que María; su novia, lo visito le prometió que cuando saldría libre se casaría con ella. Al inicio conservaba pensamientos de hombre libre, pero poco a poco fue pensando como un recluso y comprendió lo que decía su madre: uno acaba de acostumbrarse a todo. Aunque lo mas duro era la falta de mujer y los cigarrillos. También aprendió a matar el tiempo y logro perder la noción del mismo, para él solo tenían significado las palabras, ayer y mañana.

            Para el día del juicio el acusado decía no sentirse nervioso, mas bien le interesaba ver como se desarrollaba un proceso. El abogado le insto que contestara en forma breve y que en ningún momento tomara la iniciativa, ya que él se encargaría de todo lo demás. Después de leer  el acta de acusación, el presidente aseguro que se juzgaría con imparcialidad y que debía de respetarse la sentencia que daría el jurado.

            El presidente con un tono de cordialidad empezó a interrogar al acusado, quien ante cualquier pregunta respondía: Si Señor presidente, tal como se lo había indicado su abogado. Después de formularle preguntas acerca de su madre, lo cual ya lo tenía aburrido, se suspendió la audiencia para poder escuchar a los testigos en la tarde. Al reanudarse dicha audiencia, empezaron a interrogar a los testigos, pero todas las preguntas se basaban acerca de la historia de su madre; entonces el acusado  quiso llorar al  notar cuanto lo detestaban por su actitud. 

            El interrogatorio a los testigos se inicio: a Celeste; dueño del comedor le preguntaron si el acusado pagaba sus deudas, a María; su novia  le insistieron que relatara la historia de su relación amorosa, a Raimundo; su amigo, le hicieron preguntas acerca de su amistad, lo cual el abogado general aprovecho para hacer fuertes señalamientos, aunque no tenían nada que ver con el caso. En realidad se juzgaba su actitud  la cual no encajaba con la sociedad que lo rodeaba, pues a cualquiera le  parecía un extranjero por su indiferencia ante la vida. 

            El abogado defensor  hastiado de la situación; pregunto que si a su cliente, ¿lo acusaban de haber enterrado a su madre? o ¿de haber matado a un hombre? El procurador argumento que estos hechos eran consecuentes y que si, lo acusaban de haber enterrado a su  madre con corazón de criminal. Al final de la audiencia el abogado parecía vencido, por lo cual el acusado comprendió que las cosas no iban nada bien. Él notaba cuanto se hablaba detalladamente de su vida, incluso más que del crimen, entonces deseaba intervenir pero su abogado se lo impedía. Parecía como un espectador pues el asunto se trataba prescindiendo de él, su suerte estaba en manos ajenas mientras deseaba preguntar o quizás recordarles  quien era el acusado y que si tenia importancia serlo. 

            El abogado general reconstruyo la secuencia de los hechos, siempre arrancando con todos los por menores de la historia de la madre del acusado y enfatizo que no existía circunstancias atenuantes, pues no era un asesinato común. El acusado se advertía que lo juzgaban minuciosamente pero no entendía como su conducta, que a su parecer era normal,  podía convertirse en cargos decisivos. Lo que mas lo enfurecía era que juzgaban su alma o la falta de seriedad que le restaba a los asuntos cotidianos. 

            Tanto el procurador como el abogado general afirmaban que el acusado no tenía alma y no poseía ningún principio moral, pues no mostraba ni un mínimo indicio de arrepentimiento. Por lo que concluyeron,  acusándolo de matar de manera moral a su madre y equiparando su caso con un parricidio que debía juzgarse próximamente en el mismo tribunal. Fue tal el ensañamiento  en contra del él que el procurador  reiteraba que podía ver en su rostro las monstruosidades y por lo tanto pedía  de forma serena su cabeza.

            El abogado defensor dijo que necesitaría varias horas para presentar su alegato por lo cual se postergo la audiencia. Al dar continuidad a dicha audiencia, el abogado sostenía enérgicamente su postura repasando, al igual que el procurador y el abogado general, todas las facetas de la vida del acusado. Quien advertía la capacidad de su abogado, pues lo defendía como si se tratara de él mismo, argumentando que no debía condenarse a un trabajador honrado que fue cegado un instante por sus impulsos. Cuando el abogado defensor concluyo todos lo felicitaron y al parecer se vislumbraba que todo iba por buen camino o en el peor de los casos aun quedaba el recurso de apelación. 

Sin embargo el dictamen del jurado fue; que en nombre del pueblo francés, el acusado  debía ser decapitado en una plaza pública. A partir del veredicto final, el acusado se rehusaba de recibir al sacerdote. Desde ese entonces medito la seriedad de ese fallo y solo consideraba las posibilidades de escapar. Con el paso del tiempo las únicas dos cosas en las que reflexionaba eran: el alba y la apelación, las cuales lo acompañaron hasta su ejecución. También consideraba  como segunda hipótesis, ser indultado, aunque esto le era fastidioso pues sabia cual era su destino final.

            Cierto día el sacerdote ingreso a su celda con el propósito de mostrar consideración y a la vez solidarizarse con el condenado, sin embargo sus intentos fueron fallidos al igual que lo fueron los del juez cuando trato de hacerle confiar en Dios. Lo único que logro fue aburrirlo  a tal grado de ser agredido. 

Horas después a lo lejos escucho el ruido de las sirenas que le presagiaban su final, entonces empezó a revivir recuerdos, volvió en si. Comprendió que al fin y al cabo había sido feliz y aun lo era, aunque solo le faltaba ser ejecutado ante una multitud furiosa, que quizás también  lo juzgaría por su desafecto, indiferencia y por parecer un extranjero. Pues su actitud no encuadraba  con la sociedad en cuyo nombre fue condenado.